La familia es una entidad tan próxima y cotidiana que podría producirse la falsa impresión de que, armados con nuestro sentido común y nuestras observaciones incidentales, podemos llegar a comprenderla sin dificultad.
Sin embargo, la familia es, en realidad, compleja y dinámica, y está habitualmente rodeada de prejuicios que llegan a entorpecer su comprensión.
La familia es algo más que la suma de los individuos que la componen,
«La familia es un conjunto organizado e interdependiente de unidades ligadas entre sí por reglas de comportamiento y por funciones dinámicas, en constante interacción entre sí y en intercambio permanente con el exterior.»
Andolfi (1984).
De esta definición aprendemos que…
- No se puede entender de forma separada o aislada, sino que se debe comprender en su conjunto y en su contexto.
- En ella se establecen una serie de normas y hábitos, algunos de los cuales son explícitos (conocidos por todos los miembro de la familia) y otros son implícitos e inconscientes. Ambos rigen el funcionamiento familiar.
- Está en constante evolución. Distinguimos cambios causados por elementos internos (véase el crecimiento de los hijos o la incorporación de nuevos miembros) y cambios afectados por elementos externos (como lo son amigos y compañeros, ámbito escolar y laboral).
Por otro lado, desde una vertiente sociocultural, debemos incidir también en la diversidad estructural de la familia. Los profundos cambios experimentados en la sociedad occidental durante el s. XX nos llevan a cuestionar el ideal de la familia modelo y a reflexionar sobre los núcleos presentes en la realidad.
No hablamos solo de familias biparentales o monoparentales, sinó de familias homoparentales, familias reconstruidas, y familias adoptivas.
¿Cómo intervenimos?
Puesto que una dinámica familiar sana es la base de las buenas relaciones entre sus miembros, la maduración de los mismos y los aprendizajes para futuras situaciones, en nuestro centro la terapia familiar se dirige a estructuras familiares que presentan diferentes conflictos o quieren adaptarse a nuevas etapas pero no disponen de herramientas o recursos suficientes.
Una vez expresada una demanda, nuestro equipo evalua la situación y valora los posibles abordajes; estos se exponen a la familia para empezar el tratamiento. El cambio aparece desde el momento en el que el núcleo decide trabajar en grupo, todos a una, ya que es entonces cuando vemos los esfuerzos para buscar soluciones, mejorar la comunicación, encontrar herramientas, comprenderse y, sobre todo, escucharse.
Estamos de acuerdo en que la familia no se elige, pero sí que se trabaja, y es así que al final del día se convierte en un recurso positivo, en un lugar al que acudir para sentirnos bien, en un refugio.
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