Como ayudar emocionalmente a una víctima de violencia de genero

Antes de empezar a describir el cómo vamos a ayudar vamos a ver dónde nos encontramos.

“La violencia de género procede de la desigualdad entre hombres y mujeres, siendo el resultado de la creencia, alimentada por la mayoría de las culturas, de que el hombre es superior a la mujer con quien vive, que es posesión suya y que puede ser tratada como considere adecuado. Es el modo de afianzar ese dominio, por lo que la violencia de género no es un fin en sí mismo, sino un instrumento de dominación y control social.”[1]

En relación a esta reflexión es importante puntualizar elementos para valorar con que nos encontramos al indagar en la violencia de género, en primer lugar, hablaremos de las relaciones tóxicas. Sería lo opuesto a relación sana una relación de igualdad dónde no sé da esta dicotomía de dominio y sumisión.

¿Qué encontramos en una relación tóxica? Si partimos de esa base de desigualdad encontraremos diferentes tipos e intensidades de violencia, desde los micromachismos, hasta la violencia sexual, violencia económica, violencia psicológica, violencia física

Los Micromachismos son una expresión referida a comportamientos de control y domino de “baja intensidad”, naturalizados, legitimados e invisivilizados que algunos hombres ejecutan impunemente, con o sin conciencia de ello. Comportamientos sexistas asentados en “autoridad sobre las mujeres”, comportamientos que, aunque no lo reconozcan muchos varones tienen interiorizados. Son algunos de ellos resistencias y obstáculos para la igualdad con las mujeres en lo cotidiano; controles, imposiciones y abusos de poder.[2]

 

En cuanto a los tipos de violencia que podemos encontrar en más menos escala en las relaciones tóxicas como he referido antes sería la económica ejerciendo un control sobre el dinero familiar, no dejando la toma de decisiones económicas, no dejando ir a trabajar a la pareja… la sexual con imposiciones en las relaciones sexuales, con control e incluso abusos o violación. La física con todo tipo de conductas agresivas y lesivas incluso con final de muerte y la psicológica con acoso, control, vejaciones, anulando a la pareja en casi todos o todos los ámbitos de su vida.

 

En las relaciones tóxicas encontramos varios tipos de dependencia, la económica que expone esa violencia de la que antes hablamos y que sería una causa y/o consecuencia de la relación y la dependencia emocional que sería exclusivamente causa de la relación tóxica.

Una relación tóxica genera o suele generar una situación de adicción[3] engendrando necesidades antes inexistentes. Porque las emociones se desbordan, el miedo, la culpa, la decepción, la tristeza, la intensidad también de las positivas… Aquí se puede dar a confusión con el mito falso de que la mujer por su condición de género es dependiente emocionalmente entrando en la línea de los micromachismos.

 

Una base de estas ideas y creencias tan interiorizadas en hombres y mujeres es el mito del amor romántico. Dónde encontramos mitos como la media naranja, alma gemela, príncipe azul, el amor todo lo puede… y esto hace que el modelo sea ya de base de desigualdad. Nos hace pensar que el amor de pareja es fundamental para la vida, eterno y exclusivo. Debe ser también heterosexual, de inicio súbito enamorándonos a casi primera vista nos fusiona y nos obliga a un sacrificio continuado con celos y dominio del otro.

 

Es importante conocer el ciclo de violencia[4] dónde encontramos tres fases, la primera dónde se elabora la tensión, aumenta la hostilidad del hombre y baja la comprensión de la mujer de los cambios de humor y ánimo. La víctima aquí tiene miedo, ansiedad, aumenta mucho el estrés e intenta justificar constantemente las actuaciones del agresor. La fase 2, sería la fase de la agresión física, verbal, psicológica… dónde la víctima puede tomar la decisión de denunciar. Y la fase 3 dónde encontramos la reconciliación o luna de miel. Dónde se encuentra el arrepentimiento del agresor, perdón, intensidad alta de emociones positivas, regalos, atención plena… aquí la víctima suele retirar la denuncia. Es cierto que esta última fase tiende a desaparecer con el tiempo.

 

Ayudamos siempre que estemos con la víctima, estar significa primero no juzgar, no apresurar a la víctima no darle contantemente lecciones ni exponerle lo mal de sus actos estamos tratando con una víctima alguien que está altamente sensible, perdida, llena de miedos e inseguridades, y que no se quiere nada. No debemos contribuir a que mantenga todo esto.

 

Escucha activa, respaldo, atenuar sus síntomas, darle cariño y estar incluso sin decirle nada. Para todo esto hay que revisarse una o uno mism@ hay que ver como estoy, como gestiono mis propias emociones, cuáles son mis valores y creencias sobre la violencia, sobre los mitos, sobre estas situaciones. Tengo que ser consciente de cómo estoy de empoderada/o y acompañar a la víctima en su propio proceso de empoderamiento.

 

Cuídate, revísate, empodérate y ayuda!

BEATRIZ RODRÍGUEZ BATLLE

Psicologa Clínica Especialista en adultos y pareja nºcol. 20093

Directora Técnica en Psicosedna

[1]Manual de Atención Psicológica a víctimas de maltrato machista.” Colegio Oficial de la Psicología de Guipúzcoa.

[2] Bonino, L.2004

[3] http://www.psicosedna.com/blog/2012/12/03/puede-ser-la-adiccion-la-base-de-una-relacion-toxica/

[4] Leonore Walker 1989

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